Adorado sea el Santísimo Sacramento - Ave Maria Purísima
CONSEJO DIOCESANO Y JORNADA DE ESPIRITUALIDAD, 16 DE DICIEMBRE EN YEPES
El Pleno del Consejo Diocesano es el órgano de gobierno de mayor rango de la Obra en nuestra Diócesis, exceptuando la Asamblea General. Se reúne una vez al año para estudiar el estado de la misma, en consonancia con la Obra en general. Por tal motivo, conforme a lo que determina el Art.76 de nuestro Reglamento Diocesano y para dar cumplimiento al mismo. Me es grato convocarte, junto al Consiliario y todos los miembros del Consejo de la Sección (Art. 70), al PLENO DEL CONSEJO DIOCESANO y JORNADA DE ESPIRITUALIDAD, que se celebrará, D.m., el día 16 de Diciembre, domingo, en la localidad de YEPES.
El punto de encuentro será en la Iglesia Parroquia de San Benito Abad.
La Jornada de Espiritualidad tendrá el siguiente
ORDEN DEL DÍA:
09,15 h.- Acogida en la Iglesia Parroquial de San Benito Abad.
09,30 h.- Rezo de Laudes en la Iglesia Parroquial de San Benito Abad.
10,00 h.- Saluda del Presidente Diocesano y del Presidente de la Sección Local en los Salones Parroquiales.
10,05 h.- Conferencia a cargo del Rvdo. D. EMILIO PALOMO, Vicario Episcopal, en los Salones Parroquiales.
10,45 h.- Descanso.
11,00 h.- Sesión Plenaria en los Salones Parroquiales.
12,00 h.- Santa Misa en la Iglesia Parroquial de San Benito Abad.
13,00 h.- Continuación de la Sesión Plenaria en los Salones Parroquiales.
13,30 h.- Santo Rosario en la Iglesia Parroquial de San Benito Abad.
14,00 h.- Comida compartida en los Salones Parroquiales.
16,00 h.- Elección de Presidente Diocesano. Continuación de la Sesión Plenaria en los Salones Parroquiales.
17,45 h.- Adoración Eucarística; Hora Santa con el rezo de Vísperas en la Iglesia Parroquial de S. Benito Abad.
A la Jornada de Espiritualidad y al Pleno del C.D. pueden asistir cuantos adoradores/as lo deseen, por tratarse de un acto emblemático de la A.N. en el año, así como fieles afines a la Obra.
Todos los adoradores/as tienen derecho a Voz y a exponer los asuntos que enriquezcan el acerbo espiritual y material de nuestra Obra, siendo su presencia ocasión de mutuo conocimiento y afecto.
Esperando contar con vuestra valiosa asistencia. Te saluda con el mayor aprecio, tu amigo y hermano en Jesucristo.
JUAN RAMON PULIDO CRESPO
PRESIDENTE DIOCESANO DE ANE
NOTA: Para la comida compartida, cada asistente llevará sus viandas. Habrá bebidas. No llevar el Manual, SI el distintivo.
Los coches particulares se deben dejar, nada más llegar, en las inmediaciones de la Iglesia Parroquial.
ANIVERSARIO TURNO DE JÓVENES DE TALAVERA
Desde el Consejo Diocesano de Toledo os felicitamos en este aniversario y confiamos que el Señor os premie con el don de la perseverancia y nuevos jóvenes que se unan a vosotros en la adoración a Jesús Sacramentado.
CONFERENCIA LA VERDAD DEL AMOR HUMANO, POR EL OBISPO DE ALCALÁ DE HENARES EN EL SEMINARIO MAYOR DE TOLEDO
El sábado 15 de diciembre tendrá lugar una Conferencia titulada "La verdad del amor humano", que impartirá Mons. Reig Pla, Obispo de Alcalá de Henares y Presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida. Será a las 17 h, en el Seminario Mayor de Toledo, y habrá servicio de guardería. Adjuntamos el cartel anunciador de la misma.
Se trata de un buen momento para seguir creciendo en comunión, formarnos sobre un tema de absoluta actualidad y fundamental en nuestro apostolado, como es el concepto de familia, el amor conyugal y el papel de la familia cristiana en la sociedad actual y aunar fuerzas en torno a esta cuestión para ser luz ante los demás.
La mula, el buey… ¿y qué pasa con Dios?
¿Hay que suprimirlos del BELÉN? ¿Quién ha dicho eso? ¿El Papa? ¡No! ¡Por supuesto que no! El Papa, como en otros temas, simplemente nos recuerda la centralidad de las cosas y, luego, la tradición o la piedad popular va añadiendo aquellos elementos que adornan, enriquecen, potencian y magnifican el Misterio de amor que es el Belén.
Quedarse en algo tan secundario como “el buey o la mula” ante la edición del Libro de la Infancia de Jesús es no ir al fondo del mismo. A Benedicto XVI le interesa el hecho histórico y central en nuestra fe: Dios se ha hecho hombre.
Interpretar de otra manera las palabras, el pensamiento o las letras de Benedicto XVI es no querer asomarse a la íntegra lectura de un libro escrito por uno de los intelectuales mayores de nuestro tiempo que, además, es Papa.
Estoy seguro, que Benedicto XVI seguirá poniendo en su belén particular el buey, la mula, los ángeles, los pastores, el molino, la lavandera y todo lo que haga falta.
Lo que está claro es que, en mi belén parroquial, procuraré no instalar a tanto borrego que con tan mala saña se queda en lo superficial sin haber leído del libro del Papa…ni una sola página.
Mientras unos hablan del buey y de la mula, otros nos preparamos para lo más importante: colocar en el centro al REY DE REYES. ¡CRISTO!
Cuántos de los que hoy ponen el grito en el cielo (especialmente alguna prensa escrita, radiofónica o televisiva) serán luego los primeros en machacarnos que, por Navidad…¡FUERA EL BELÉN! Y, entonces, el buey, la mula y todo lo demás…les sobrará. Así de claro.
¡Ver para creer! ¡Poner a Dios, junto a la mula y el buey, al mismo nivel!
Javier Leoz
Delegado de Religiosidad Popular Pamplona
SOLEMNIDAD DEL RESERVADO
Se trata de una fiesta que recuerda el momento en que el Santísimo Sacramento de la Eucaristía quedó guardado en el Sagrario de estas casas destinadas a la formación de los futuros sacerdotes.
Es un día de acción de gracias por la Presencia continua del Señor en medio de esta comunidad que, al igual que los primeros apóstoles, se preparan junto a Jesús para luego ser enviados a los pueblos a dar testimonio del amor de Dios. Es un día para no acostumbrarnos a lo que siempre es un regalo inmenso e inmerecido; un día para unirnos todos los que formamos parte de esta gran familia del Seminario. Por este motivo, en esta celebración del día del Reservado no sólo participan los seminaristas y formadores, sino también los profesores, los familiares de los seminaristas, sacerdotes de la diócesis y muchos otros fieles. Sobre todo, para el acto de la tarde, ese número de fieles aumenta de año en año hasta dejar pequeña la gran capilla del Seminario Mayor.
ENCUENTRO CONYUGAL

Encuentro conyugal, organizado por el Movimiento Familiar Cristiano los días 10 y 11 de noviembre en las instalaciones del antiguo seminario de Ntra. Sra. de Altagracia en la localidad de Mora (Toledo)
TEMA DE REFLEXIÓN PARA EL MES DE NOVIEMBRE
Reflexiones sobre la Fe (I)
La fe es la "virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la misma verdad" (Catecismo, 1814).
El Papa nos invita este año a reflexionar sobre la Fe. Sobre la fe, como acto que realizamos desde lo más hondo de nuestra alma, y sobre las verdades que la Santa Iglesia nos propone, porque las ha recibido de Dios, para que las creamos.
Muchos santos, al final de su vida, piden al Señor que les aumente la fe. ¿Han dejado de creer? ¿Han encontrado obstáculos insuperables para seguir creyendo? No. Han descubierto, sencillamente, que el camino de crecer en la fe no se acaba nunca, porque va abriendo nuestra inteligencia al misterio de Dios, Uno y Trino, que supera todos los límites de la capacidad de conocer por nuestra razón. Y a la vez, es capaz de reconocer que las verdades que admite por fe, no son irracionales.
El camino “empieza en el Bautismo, con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en Él”.
En estas reflexiones no podremos considerar todas las verdades que confesamos y con todos los detalles que serían necesarios. Detendremos nuestra atención en las verdades básicas, que Benedicto XVI resume con estas palabras: “Profesar la fe en la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- equivale a creer en un solo Dios que es Amor: el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor”.
“El justo vive de la fe”, nos recuerda el apóstol san Pablo. Y es algo que no debemos olvidar en estas reflexiones. Nuestra inteligencia se enriquece con la luz de la fe, y así podremos llegar a ver toda nuestra existencia, personal, profesional, familiar, pública, con los ojos de Dios, en relación con Dios.
¿Qué es la fe?
“La fe es, ante todo, un adhesión personal del hombre a Dios; es, al mismo tiempo, un asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado. En cuanto adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que Él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana” (CIC. 150).
“En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina: “Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia” (CIC. 155).
“La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él. Para dar esta respuesta de fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede “a todos gusto en aceptar y creer la verdad” (CIC. 153).
Podemos decir que la fe es un acto libre, que el hombre lleva a cabo, movido por una luz interior que le da el Espíritu Santo. Dios no nos impone la fe: nos ilumina, sale a nuestro encuentro, cuando buscamos la Verdad.
El Señor ya nos lo dijo: “Me hago el encontradizo con quienes me buscan”.
La fe, por tanto, es la respuesta más plena que el hombre da a Dios. Y es una respuesta libre, racional, confiada, que manifiesta siempre un gran amor a Dios, que nos da la gracia de creer.
María es la primera criatura que vivió plenamente la fe, en Dios Padre, en Dios Hijo, en Dios Espíritu Santo. “Bienaventurada tú, que has creído”, dijo de ella su prima Santa Isabel. Y María es testimonio vivo de la Resurrección de Cristo, y en cada encuentro con los creyentes, transmite a cada uno de nosotros la alegría de Dios, con las mismas palabras con que ella la vivió: “bienaventurado tú, que crees”.
Cuestionario:
Ø ¿Agradezco a Dios, con humildad y de todo corazón, ser creyente, ser católico?
Ø ¿Tengo confianza en Dios, sabiendo que es mi padre, y padre amoroso, para rogarle que me “aumente la fe” cada día?
FECHAS A RECORDAR....
En Toledo, se celebrará por todos los Turnos el día 1 de noviembre, en la Iglesia Parroquial
de San Ildefonso, a las 22,00 h.
- Fiesta del
Reservado, el día 11 de Noviembre, en el Seminario Mayor para unirnos en
oración con nuestros seminaristas y rezar por ellos. A las 18,30h. se rezarán
las Vísperas y tras ellas Procesión Eucarística.
-Ejercicio de Fin de Año es una celebración de Acción de Gracias. En
Toledo, nos reuniremos toda
SANAR LAS HERIDAS DEL ABORTO

“Seminario de Formación sobre el síndrome post-aborto, terapia y reconciliación”, en Toledo del 10 al 11 de noviembre, en el Colegio de Doncellas Nobles.
La iniciativa surge de la necesidad de dar una respuesta por parte de la Iglesia al sufrimiento de tantas mujeres, para acercarse a ellas y ofrecerles la misericordia de Dios.
INSCRIPCIÓN: Es necesario inscribirse antes del lunes 5 de noviembre enviando los datos (nombre y apellidos, nombre y edades de los hijos, teléfono y email de contacto) por email o bien contactando directamente con el teléfono de la Fundación COF.
Fundación Centro de Orientación Familiar
Arco de Palacio, 1
45002 Toledo
Tel.: 925 214 338 Web: www.cofarchitoledo.org
E-Mail: contacto@cofarchitoledo.org
“La Iglesia, a ejemplo de su divino Maestro, piensa siempre en las personas concretas, sobre todo en las más débiles e inocentes, que son víctimas de las injusticias y los pecados, y también en los demás hombres y mujeres que, habiendo cometido dichos actos, han incurrido en culpa y llevan sus heridas interiores, buscando la paz y la posibilidad de una recuperación.
La Iglesia tiene el deber primario de acercarse a estas personas con amor y delicadeza, con solicitud y atención materna, para anunciarles la cercanía misericordiosa de Dios en Jesucristo. En efecto, como enseñan los Padres, él es el verdadero buen Samaritano, que se ha hecho nuestro prójimo, que derrama aceite y vino sobre nuestras heridas y nos conduce a la posada, la Iglesia, en la que hace que nos curen, encomendándonos a sus ministros y pagando personalmente, por adelantado, nuestra curación.”
Benedicto XVI, Discurso a los participantes del Congreso Internacional “El aceite sobre las heridas. Una respuesta a las plagas del aborto y del divorcio”, (5 de abril de 2008),
APERTURA DIOCESANA DEL AÑO DE LA FE
A las 12 de la mañana del próximo domingo, 14 de octubre, dará comienzo en la explanada del santuario de Guadalupe la Santa Misa Pontifical presidida por el señor Arzobispo D. Braulio Rodríguez Plaza, con la que dará comienzo al «Año de la Fe» en archidiócesis Primada, tras la solemne celebración de apertura oficial del día 11 presidida por el Papa Benedicto XVI. Con este motivo, la imagen de Nuestra Señora será traslada hasta el presbiterio de la basílica, lo que supone un hecho extraordinario, aunque la Comunidad franciscana no tiene previsto sacar la sagrada imagen a la explanada. La peregrinación al santuario de la Virgen de Guadalupe –«la Morenita de las Villuercas», como es venerada en Extremadura y en numerosas parroquias de nuestra archidiócesis–, que coincide con elXXV aniversario de las Peregrinaciones de jóvenes hasta el santuario mariano, es uno de los actos previstos en el Plan Pastoral Diocesano para este año.
Todos los fieles de la archidiócesis están convocados a peregrinar ese día a Guadalupe. Están especialmente invitados a participar todos los agentes de pastoral, los miembros de los diversos movimientos apostólicos, así como los de las Hermandades y Cofradías de nuestra diócesis. Con ella se pretende que la villa y puebla de Guadalupe -donde también estarán centenares de jóvenes de la XXV Peregrinación diocesana- se convierta el próximo domingo en el centro celebrativo de toda la archidiócesis primada.
HOMILÍA DEL SANTO PADRE PARA COMENZAR EN AÑO DE LA FE.
Homilía que el Papa acaba de pronunciar en el comienzo del AÑO DE LA FE
Venerables hermanos,
queridos hermanos y hermanas
Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe. Me complace saludar a todos, en particular a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, y a Su Gracia Rowan Williams, Arzobispo de Canterbury. Un saludo especial a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores de las Iglesias Católicas Orientales, y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales. Para rememorar el Concilio, en el que algunos de los aquí presentes – a los que saludo con particular afecto – hemos tenido la gracia de vivir en primera persona, esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia.
El Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2).
El evangelio de hoy nos dice que Jesucristo, consagrado por el Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza. «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21). Así dice el Resucitado a los discípulos, y soplando sobre ellos, añade: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22). Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo; pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de «proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista»; de «poner en libertad a los oprimidos» y de «proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19).
El Concilio Vaticano II no ha querido incluir el tema de la fe en un documento específico. Y, sin embargo, estuvo completamente animado por la conciencia y el deseo, por así decir, de adentrase nuevamente en el misterio cristiano, para proponerlo de nuevo eficazmente al hombre contemporáneo. A este respecto se expresaba así, dos años después de la conclusión de la asamblea conciliar, el siervo de Dios Pablo VI: «Queremos hacer notar que, si el Concilio no habla expresamente de la fe, habla de ella en cada página, al reconocer su carácter vital y sobrenatural, la supone íntegra y con fuerza, y construye sobre ella sus enseñanzas. Bastaría recordar [algunas] afirmaciones conciliares… para darse cuenta de la importancia esencial que el Concilio, en sintonía con la tradición doctrinal de la Iglesia, atribuye a la fe, a la verdadera fe, a aquella que tiene como fuente a Cristo y por canal el magisterio de la Iglesia» (Audiencia general, 8 marzo 1967). Así decía Pablo VI.
Pero debemos ahora remontarnos a aquel que convocó el Concilio Vaticano II y lo inauguró: el beato Juan XXIII. En el discurso de apertura, presentó el fin principal del Concilio en estos términos: «El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio... Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792).
A la luz de estas palabras, se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante, especialmente en una efeméride tan significativa como la actual, es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresión. Por esto, he insistido repetidamente en la necesidad de regresar, por así decirlo, a la «letra» del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrónicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad. El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Más bien, se ha preocupado para que dicha fe siga viviéndose hoy, para que continúe siendo una fe viva en un mundo en transformación.
Si sintonizamos con el planteamiento auténtico que el beato Juan XXIII quiso dar al Vaticano II, podremos actualizarlo durante este Año de la fe, dentro del único camino de la Iglesia que desea continuamente profundizar en el depisito de la fe que Cristo le ha confiado. Los Padres conciliares querían volver a presentar la fe de modo eficaz; y sí se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban. En cambio, en los años sucesivos, muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del depositum fidei, que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad.
Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años. Y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los Papas y los Padres del Concilio, y que está contenida en sus documentos. También la iniciativa de crear un Consejo Pontificio destinado a la promoción de la nueva evangelización, al que agradezco su especial dedicación con vistas al Año de la fe, se inserta en esta perspectiva. En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual. Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor. Se ha difundido el vacío. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino. La primera lectura nos ha hablado de la sabiduría del viajero (cf. Sir 34,9-13): el viaje es metáfora de la vida, y el viajero sabio es aquel que ha aprendido el arte de vivir y lo comparte con los hermanos, como sucede con los peregrinos a lo largo del Camino de Santiago, o en otros caminos, que no por casualidad se han multiplicado en estos años. ¿Por qué tantas personas sienten hoy la necesidad de hacer estos caminos? ¿No es quizás porque en ellos encuentran, o al menos intuyen, el sentido de nuestro estar en el mundo? Así podemos representar este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (cf. Lc 9,3), sino el evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años.
Venerados y queridos hermanos, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización. Que ella nos ayude a poner en práctica la exhortación del apóstol Pablo: «La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente… Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3,16-17). Amén
Fundación COF Archidiócesis de Toledo
Información: Cursos de Monitor de Educación Afectiva y Sexual.
Octubre - Noviembre 2012. (Talavera)
Abril - Mayo 2013. (Toledo)
Estimadas familias, profesores, catequistas, jóvenes y sacerdotes:
Le adjuntamos un correo informativo de los próximos cursos de monitor de educación afectiva y sexual que darán comienzo, el sábado 6 de octubre en Talavera de la Reina y en abril en Toledo.
Las fechas de los días que tendrán lugar los diferentes cursos son:
Talavera: 1ª parte (6-7 de octubre 2012) - 2ª parte (3-4 de noviembre) - 3ª parte (17-18 de noviembre).
Toledo: 1ª parte (6-7 de abril 2013) - 2ª parte (20-21 de abril) - 3ª parte (4-5 de mayo).
En el caso de que no puedan asistir a uno de los fines de semana de formación en el curso de Talavera podrán recuperar la parte correspondiente en la edición del curso en Toledo (1) debido a que el desarrollo de los temas será el mismo (1).-La Fundación se reserva el derecho de suspender la celebración de cualquiera de los cursos en el caso de no cubrir el número mínimo de plazas.
Para información e inscripción llamar al teléfono de la sede del COF en Talavera de la Reina (925 802 325 - 695 120 487) o enviar por email (coftalavera@gmail.com),
Fundación COF Archidiócesis de Toledo
Tels: 925 214 338 - 628 539 070
Delegación Diocesana de Familia y Vida.



